Audio o Video en el Ascender de las Máquinas

1600x900

Twitter acaba de lanzar una función para publicar un tipo de mini podcast a través de su plataforma Periscope (incrustable en Twitter, de todos modos). Al igual que publicar un video en vivo, pero en modo de solo audio.

Esto reabre la reciente polémica sobre el futuro del video y el audio como formas de contenido para Internet.

Algunos expertos dicen que el futuro es el video, otros dicen que el futuro es más para formas pasivas de consumo, como el audio.

Es un hecho que las audiencias miran mucho contenido de video. El porcentaje de video vs texto ha estado a favor del primero desde los nuevos teléfonos inteligentes y la alta calidad de Internet para móviles.

No olvidemos que Google compró Youtube cuando aumentó sus visitantes, hace más de una década. Tendencia detectada por Google gracias a su acceso de primera mano a la búsqueda de datos de los usuarios.

Más recientemente, Facebook, Twitter … todos, han usado el video como una tarjeta estratégica para mantener el negocio.

Pero, por otro lado, tenemos otra tendencia, el boom de los podcasts (principalmente en EE. UU. en este momento), el crecimiento en audiolibros, más aplicaciones o servicios con texto a voz incorporado (o versiones de audio), y ahora los altavoces inteligentes como HomePod, Echo o Home.

No parece una carrera entre ellos, audio y video, sino más bien dos tendencias para dos audiencias diferentes.

La audiencia visual es clara. Siempre quisieron ver TV, películas, y ahora se encuentran con la transmisión de video en cualquier forma.

La otra audiencia no es tan fácil de definir, pero creo que hablamos de una persona textual. No importa si el texto está en forma de artículo, libro, audiolibro, radio o podcast.

Por supuesto, parte del auge del podcast se convierte en el desplazamiento de la radio como una forma de escuchar mientras se viaja, conduce u otras formas ideales para el consumo pasivo. Ese comportamiento, que depende de las circunstancias en las que se consume el contenido, puede ser válido para cualquier audiencia.

Pero la diferencia, o mejor, la diferencia hipotética entre ambos tipos de público, se basa en la tendencia natural de algunas personas a quienes les gusta ver historias, narrativas, incluso otras personas hablando, en comparación con las personas que les gusta el texto o el audio para poder imaginar por sí mismos el resto.

Es como la división de mercado en libros de ficción y no de ficción. Algunas personas prefieren leer una, y algunas personas prefieren la otra.

Incluso para algo simple como buscar en Google “cómo hacer” o resolver algo, algunas personas prefieren los resultados del video y otros, como yo, prefieren los resultados de texto, en general.

Por lo tanto, la hipótesis es que al mismo target al que le gusta leer le gusta escuchar.

Entonces, ¿qué tendencia va a ganar, video o audio? “¿La película o el libro?”, Solíamos preguntar antes de Internet. Creo que hay una demanda para ambos. Y ambos seguirán teniendo un crecimiento, con mejores y más variados gadgets, aplicaciones y contenido para cada audiencia.

Espera y expectativa

Hemos hecho de la espera una actividad odiada y despreciada. Esperar es malo. Hacer esperar a los demás es terrible.

Unspash/@jayclark

Todos los servicios de atención al cliente buscan hacer esperar lo menos posible a quienes sirven.

En cuanto sabemos que vamos a estar en alguna sala de espera, pensamos en hacer algo durante la espera, como si la espera en sí misma fuera nada.

Hemos hecho a la idea de espera, improductiva. Si vamos a esperar llevamos un libro o buscamos una revista para aprovechar el tiempo.

Quizás es porque relacionamos espera con pasividad y falta de motivación.

Esperar no tiene por que ser pasivo. Es en la espera donde nace la expectativa. Toda expectativa es altamente motivadora.

Espera y expectativa tienen la misma raíz etimológica. Y sin embargo, están cargadas de significados y formas muy diferentes.

Se puede esperar con expectativa o sin ella. Pero, al menos en español, cuando preguntamos qué esperas de tal o cual evento, no necesariamente tiene una carga de visión a futuro.

En cambio, cuando preguntamos cuáles con tus expectativas con respecto a algo, estamos presuponiendo no solo que hay una espera, sino que además hay una visión a futuro.

Curiosamente, el verbo expectar no existe. Es esperar. Claro que estar a la expectativa es estar a la espera, pero es una espera con esperanza, curiosidad, anticipación, tensión.

En inglés si existe el verbo, expect, con toda esa carga que tiene la expectativa.

La espera pasiva en inglés usa una raíz distinta, wait, cuyo origen tiene que ver con wake, despierto, atento.

Esperar, en español, comparte raíz con esperanza, cuyo origen tiene que ver con expandirse, estenderse, espasmo, espada (la larga de forma extendida), espátula, espalda.

En ese sentido, toda espera es extendida. Toda espera, expande.

Hay esperas con expectativas bajas. La fila para hacer un trámite burocrático, por ejemplo.

Pero hay esperas con expectativas altas. La fila para ver la última película de nuestra saga favorita.

La expectativa de la espera es parte de una actitud mental.

El beisbol es un buen ejemplo de ello. No es un deporte que me guste, pero es muy interesante el manejo de la espera activa por parte de cada uno de los integrantes de cada equipo.

El jugador de beisbol debe mantener una espera observando, comprometiéndose con lo que sucede en el campo, manteniendo su atención en el juego.

Solo así, cuando llega su turno, que puede durar un par de minutos, está en la disposición y capacidad para ejecutar el mejor de sus juegos.

La vida contiene grandes momentos de espera. A veces, con el ritmo de vida que llevamos se nos olvida porque parece que siempre estamos haciendo algo.

Pero en realidad, mientras estamos en la oficina, esperamos ver a nuestra familia. Mientras estudiamos en la universidad, esperamos ser profesionistas. Mientras estamos solteros, esperamos ser casados. Mientras estamos casados, esperamos tener hijos o crecer como pareja.

Para aquello por lo que estamos esperando, hagámoslo de modo activo, generemos nosotros mismos la expectativa, observemos atentamente, para que cuando llegue nuestro turno, demos lo mejor que tenemos.

Emociones positivas y negativas

Tipos de emociones

No estoy seguro de hasta donde poder etiquetar, clasificar, diferenciar emociones o grupos de emociones sin que cualquier distinción pueda sonar moralista. Las emociones no son ni buenas ni malas, solo emociones. Pero lo cierto es que hay distinciones. Hay ciertas emociones que en ciertas circustancias nos hacer actuar de un modo u otro. Hay combinaciones de emociones. Hay circunstancias en donde es mejor reaccionar de una manera que otra.

Hay emociones con las que hemos reaccionado ante una situación y que cambiaríamos por otra sin lugar a dudas. ¿Esto quiere decir que una fue negativa y la otra positiva?

Acción y pasividad

Una clasificación inicial que me viene a la mente es la de las emociones que nos hacen actuar y aquellas que nos hacen qudarnos quietos. Pero la verdad es que no es una distinción adecuada. Estos atributos no se les puede adjudicar a la emoción misma.

El miedo es muy claro. El miedo provoca, en general, dos reacciones básicas: pelear o huir. Es decir, actuar o no actuar. El que una persona no haga algo por miedo, para otra, en otra circunstancia puede ser lo opuesto: hacer algo por miedo.

La alegría no se queda atrás. Hay alegrías que nos hacer armar una fiesta, pero hay alegrías que nos llevan a la contemplación pasiva.

¿Qué hace que una persona con miedo actúe con un ímpetu descomunal y otra (o esa misma persona, pero diferente circunstancia) se paralice o huya corriendo?

La pasividad de la actividad

Y más aún, ¿cómo definir lo que es activo o pasivo? ¿Huir es pasivo o activo? Pelear se ve muy activo pero, ¿no es la violencia la pasividad del control, de la mesura, de la voluntad de buscar otras soluciones?

Tierra, fuego, agua, aire...

Tal vez la mejor comparación de las emociones son los elementos naturales. Ni buenos ni malos. Ni positivos ni negativos. Simplemente son.

Cualquier clasificación o valoración de las emociones solo puede ser contextual y circunstancial.

Estrés y sistema inmunológico

No sé que tan posible sea para nuestra mente cuerpo activar el sistema inmunológico. Pero casi estoy seguro que lo que sí puede hacer es contenerlo, suspenderlo. La lógica es la siguiente. Partiendo de un punto de vista evolucionista, si uno está enfermo pero hay un peligro cercano, es prioridad para la mente cuerpo resolver el peligro, usar la energía para ello y no bajar la guardia. Una vez fuera de peligro el cuerpo puede entrar en reposo reparador o hibernación y dejar que el sistema inmunológico haga su curación.

Unsplash/@edulauton

Es nuestro estrés el que no deja trabajar a la mente-cuerpo.

Esto es, si tenemos una gripa, por lo general es algo que nuestro cuerpo a través del sistema inmunológico puede atender. Sin embargo, ante alguna señal de peligro, nuestro cerebro suspende la actividad del sistema inmunológico y le da prioridad a todos los sistemas de alerta. Es en esta situación de estrés natural que la enfermedad puede avanzar. El cerebro espera que la situación de estrés termine pero no sucede, ya sea porque la amenaza real continúa o porque nuestro sistema permanece estresado sin razón, y entonces el cuerpo no procede a la cura natural.

Muchos tratamientos que nos ayudan a dismiuir de algún modo esta situación de estrés para darle permiso a nuestro cuerpo de proceder a su cura, son muy funcionales y de alto éxito.

Sencillez y engagement

Se puede ser tan complicado como se quiera, pero hay que iniciar con la sencillez.

Unsplash/@samuelseller

Eso que llamamos observar, probar, usar, interactuar, es en realidad un aprender. Y para aprender es necesario empezar con sencillez.

Aún el más grande engagement o compromiso de nuestra atención inicia con algo sencillo.

Lo complejo es abrumador por definición. El cerebro rechaza lo abrumador.

Veo, por ejemplo, la gran complejidad de tramas y personajes en que se ha convertido Star Wars, la saga completa, y es claro que entrarle de lleno a su complejidad es casi imposible. O al menos requiere un gran esfuerzo.

Pero si vemos la primera película, ahora llamada Episodio IV, es posible reconocer una trama muy básica y una narrativa muy sencilla.

Pero lo veo más en la bebé. Su curiosidad la puede llevar a cosas muy complicadas y complejas, pero para que llame su atención inicial y empiece a interactuar, requiere algo sencillo.

Ya reconoce programas de video, series y episodios. Tal o cual canción que pertenece a un intérprete u otro. Sabe que de algunos a veces oímos solo su música, otras el video.

Cada programa o intérprete requiere de ser reconocido en sus elementos, características, colores, tonadas, idioma…

Sin embargo, para cada uno de ellos, tuvo que empezar con algo simple: una tonada, un gag, un personaje.

No creo que nuestro cerebro cambie mucho después de eso: requerimos la sencillez para comprometer nuestra atención en cosas más complejas.

¿Qué pasa cuando la complejidad no es una opción? “Esto está muy dificil”, me dice la adolescente.

A ella y a todos, aplica la fórmula “para resolver un problema hay que dividirlo en partes”.

Aquello que se presenta complejo y requiere atención o solución, es necesario simplificarlo, encontrarle el lado sencillo, ahí donde la atención pueda anclarse, engancharse, crear engagement.

Conocer y reconocer

El sabio conoce, el ignorante, reconoce.

Sí, los sabios son seres de conocimiento y no con conocimientos. El conocimiento es un proceso continuo que no se detiene nunca. El sabio siempre está conociendo. El sabio hace del conocimiento un verbo en constante conjugación.

Sí, los ignorantes son seres de reconocimiento. Evitan conocer cosas nuevas, solo comparan las nuevas experiencias con los viejos conocimientos acumulados y guardados por la memoria, les clasifican, los nombran, los reconocen.

Para el sabio cada nueva experiencia es única, nueva, y aprenderá algo distinto. El presente nunca es comparable con el pasado. Por eso le llaman mente de principiante. Esa es la mente del sabio, mente de principiante.

Para el ignorante, que contradictoriamente cree saberlo todo, cada nueva experiencia es solo una variación de alguna ya vivida. El presente es solo una version del pasado. El ignorante no aprende, solo pone en práctica lo que sabe. Le gusta repetirse la idea de que conocer el pasado sirve para no repetir los mismos errores. Tristemente eso le impide cometer nuevos errores, indispensables para aprender nuevos conocimientos.

El ignorante tiene una mente enciclopédica, clasificatoria, le encanta ponerle etiquetas a todo. Etiquetas que ya tiene listas, por supuesto.

Ya lo decía el viejo griego aquél: el sabio es el que sólo sabe que no sabe nada. O el otro griego (siempre son griegos), cuando decía que el no era sabio sino un simple amante de la sabiduría.

Y cuidado con pensar que solo podemos ser o sabios o ignorantes. Esto está muy lejos de ser blanco o negro, que el dualismo es una forma de etiquetado, también.

En algunos ámbitos o momentos de nuestras vidas, solemos ser sabios. Nos encanta conocer. Cuando tomamos unas vacaciones y nos ponemos en modo listo para la aventura, para cosas nuevas.

Pero también hay ámbitos o momentos de nuestras vidas en que solemos ser ignorates. Al referirnos a ese partido político que tanto odiamos, o al recibir al empleado nuevo de la oficina que pobrecito no tiene idea de nada, o al aburrirnos por la rutina que ya no tiene nada nuevo que ofrecernos.

Tu, conoces o reconoces. ¿En qué ámbitos de tu vida eres un ser de conocimiento contínuo y en que otros solo reconoces lo que crees ya saber o haber vivido?

Consciencia e Inteligencia

Photo by Jennifer Martin on Unsplash unsplash-logoJennifer Martin

Dolor

Contrario a lo que suele pensarse, la consciencia tiene muy poco que ver con la inteligencia o la razón y, en cambio, tiene mucho más que ver con el cuerpo, la respiración, las emociones…

Pensar, razonar, divagar, por más lógico o racional que parezca, por más que resolvamos una ecuación matemática al hacerlo, está lejos de la consciencia.

Es el dolor el que despierta la consciencia, es en el sufrimiento donde la consciencia emerge.

(Deja de respirar hasta sentir que te ahogas y veras surgir la consciencia en pleno.)

En otras palabras, la consciencia no tiene tanto que ver con percatarse o experimentar lo que pensamos, sino con percatarse, experimentar nuestro cuerpo, el que respiramos, el que sufrimos, nuestro dolor.

Y esa experiencia del sufrimiento o dolor está lejos de ser masoquista o pesimista. Es el dolor natural, el que vivimos todos los días en muy diferentes momentos cotidianos. Cuando tenemos sed, hambre, incomodidad, cansados, llenos de energía, todo lo relacionado con el cuerpo.

Homeóstasis

Nuestro organismo busca continua estabilidad por ello lo regula a un estado de equilibrio llamado homeóstasis. Es decir, nuestro cuerpo está diseñado para detectar cambios que afecten interna o externamente a nuestro organismo: cambios de temperatura, cambios en el balance de los líquidos, azúcares, sales y minerales, acidez, etc.

La homeóstasis, a pesar de su etimología, no es estática sino dinámica. Parte del principio que siempre hay cambios. Lo que el organismo busca es mantener el equilibrio dentro de ciertos grados aceptables.

Es por ello que desde nuestra genética misma estamos diseñados para detectar los cambios que afectan, que nos hacen sentir, que nos incomodan, disgustan.

Pero si esos cambios son menores, el cuerpo se encarga de resolverlos. Es por eso que sentimos un poco de frío al salir a la calle y se nos pasa muy rápido: el cuerpo lo regula inmediatamente.

Solo si las molestias persisten, la consciencia hace acto de presencia: se requiere algo más para solucionar el problema.

Emociones

Las emociones juegan aquí un papel esencial, es cierto. Pero a veces las emociones se nos pasan de largo. Surgen pero no nos damos cuenta inmediatamente de su presencia.

Recordemos las emociones básicas, según Paul Ekman: alegría, tristeza, miedo, desagrado, sorpresa, enojo. Sí las mismas de Inside out o Intensamente, la película.

Y también ubiquemos algo que a veces pasamos de largo. Las sensaciones están hechas de información que recibimos de nuestros sentidos, ya sea del exterior o internamente.

Las emociones es información que emitimos. Una emoción es una señal desde dentro de nosotros mismos hacia afuera, hacia otros o hacia nosotros.

Por eso las emociones son expresivas por naturaleza, pueden ser leídas por otras personas.

Muchas veces nos percatamos de las emociones una vez que las sentimos en el cuerpo. Esas mariposas en el estómago, ese malestar estomacal, dolor en el higado, en fin, hasta que las sentimos físicamente es que entonces tomamos consciencia de ellas.

Interocepción

La consciencia surge entonces de la capacidad de nuestra función interoceptiva o de sentir el estado interno del cuerpo. El cerebro se encarga de integrar las señales que recibe del mismo cuerpo, manteniendo un cierto sentido del estado en que se encuentra en cada momento: nuestro corazón, respiración, estómago, intestinos, vejiga, etc.

En otras palabras, somos conscientes en tanto nos percatamos de nuestras ganas de orinar o de notar que nuestro corazón se agitó después de caminar varias calles.

Lo que sentimos es igual o más importante que lo que pensamos.

Evolutivamente, primero fueron las sensaciones y emociones y luego la consciencia. Por encima de ello, la razón o inteligencia.

La razón

Los Occidentales (gracias, Aristótoles, gracias, Descartes), hemos puesto por encima de todo, como jerarquía política, a la razón e inteligencia. La consciencia la hemos considerado una hija natural del ser racionales e inteligentes.

Pero la consciencia nace de poder sentir, nace del cuerpo antes que del cerebro.

Por lo tanto, son las sensaciones y emociones las que dirigen la consciencia y no al revés.

El que las sensaciones y emociones no usen palabras o tengan una estructura muy lógica, las ha hecho ser definidas como todo aquello que no es racional, inteligente o consciente.

Es decir, se les ha designado como nuestro lado irracional, inconsciente (gracias, Freud).

Es curioso e interesante como gran parte de nuestra psicología moderna ha partido de esta premisa falsa: cada problema o trastorno psicológico se debe a nuestra falta de consciencia de nuestro inconsciente.

Se va a una sesión psicoanalítica a hablar, a intentar sacar el inconsciente a la luz de la consciencia, a convertir en palabras lo inombrable.

Creemos que nuestro actos erróneos, conductas dañinas, traumas, son producto de errores, daños o heridas en nuestro inconsciente. Una vez que los hacemos conscientes, entonces es posible sanar.

Pero todo esto presupone nuevamente que la consciencia es la que precede al resto de lo que somos, y que además, es superior al resto de lo que somos.

Las sensaciones y emociones están presentes en casi toda forma de vida, preceden biológicamente a la consciencia, ya no digamos a la inteligencia.

La experiencia

Entonces, la experiencia de nuestras sensaciones y emociones es la que hace surgir la consciencia, y por lo tanto, lo que constituye nuestro yo.

Siendo una experiencia completa y absolutamente nacida de sensaciones corporales, es por lo tanto una experiencia radicada en el presente, el aquí y ahora.

Dicho en otras palabras, el dolor no se experimenta en el pasado o el futuro, el dolor solo se puede experimentar en el presente.

(Tal vez podríamos ir más lejos diciendo que en realidad ni siquiera es una experiencia en el presente sino sin tiempo: el tiempo es una concepción de la inteligencia.)

No se experimenta el pensar. No hay una experiencia al pensar.

Nadie dice: viví una gran experiencia pensando en X. Nadie habla de la experiencia de razonar.

La experiencia compromete los sentidos, la atención, el sistema psicomotriz, el mapa o plano corporal en mi cerebro, en fin, el sistema operativo de mi ser.

De esa primera percatación, darse cuenta, surge una primera construcción del yo, de sus límites, distancias, orientaciones, y de ahí a su vez, surge la consciencia.

Es muy simple: las ideas, juicios y raciocinios propios de la inteligencia, de ninguna manera me hacen experimentar y delimitar mi propio yo. Por eso es difícil determinar si una idea es mía o de alguien más, en donde terminan las ideas de los demás y empiezan las mías.

Descartes dijo, “pienso, luego existo”. ¿En serio? ¿Cómo puedo saber que lo que pienso es mi pensamiento? Si pienso en la teoría de la relatividad de Einstein, ese pensamiento es mío o de Einstein? ¿Cómo puede nacer la consciencia de una idea que ni siquiera puedo distinguir como mía?

En cambio, el dolor lo reconozco inmediatamente como mío, dentro de lo que soy, de mi territorio, mis límites.

En los recién nacidos es claro este proceso de nacimiento de la consciencia. La consciencia va naciendo de la experiencia.

Un bebé tiene consciencia sin necesidad de haber desarrollado la razón o inteligencia. Su experiencia nace del impulso natural del ser humano (sí, desde bebés) a atreverse a perder la homeóstasis con tal de poder explorar un lugar nuevo, tomar ese juguete nunca antes visto, tocar esa sustancia que se ve extraña, todo para sentir, vivir la experiencia, de algo totalmente diferente y nuevo hasta ese momento.

Esto es, atreverse a sentir malestar, dolor, sufrir un poco, aventurarse a vivir, y experimentar el mundo.

Fast news o La muerte de una celebridad

La noticia: un hecho y una conclusión apresurada

El 11 de agosto de 2014, el reconocido actor americano, Robin Williams, fue encontrado muerto en su casa de Paradise Cay en California, Estados Unidos. Murió por asfixia, aparentemente a causa de haberse colgado el mismo.

Todo apuntaba al suicidio. Los antecedentes de depresión en Williams eran lo más fácil de asociar al hecho. No solo existen las fake news sino las fast news y las conclusiones no se hicieron esperar.

Sus muy cercanos sabían que el último año había sido muy difícil para Williams a quien se le había intensificado una fuerte depresión, desatada en parte por un diagnóstico de enfermedad de Parkinson. Padecía ansiedad, estreñimiento, insomnio, mucho estrés, temblor en su mano izquierda. Pero lo que más le afectaba, porque se interponía con su trabajo actoral, era la pérdida de memoria, paranoia y alucinaciones.

Para los conocidos y fans, la muerte de Robin Williams era la culminación de una vida que había luchado contra la depresión, la drogadicción y el alcoholismo. Una culminación terminada en derrota.

Para algunos seguidores fieles, aquellos que se veían inspirados por la manera en que el actor había superado la depresión y tentación del suicidio, aquellos que escuchaban sus palabras inspiradoras y llenas de ánimo, para ellos, su muerte fue devastadora. Una pérdida de esperanza. Si él no había podido vencer la depresión, ¿qué se podía esperar del resto que la padecían?

Robin_Williams_Walk_of_Fame.jpg

La historia: en slow motion

Cuatro meses de investigaciones después (demasiado tiempo para las fast news) se confirmó que se había colgado él mismo, pero también que en realidad nunca padeció la enfermedad de Parkinson sino demencia de cuerpos de Lewy, una enfermedad menos frecuente que la del Parkinson pero mucho más agresiva.

La demencia de cuerpos de Lewy se debe a una acumulación anormal de proteína en el cerebro y la formación de una sustancia nociva en las neuronas. Esto provoca el deterioro cognitivo que sufrió Robin Williams. Desafortunadamente, es una enfermedad que solo puede ser diagnosticada post-mortem.

Esto implica que el suicidio no fue porque se sintiera derrotado, vencido, desanimado, o nada por lo que el conscientemente pudiera ser responsable: padecía una demencia.

Esto no se transmitió en medios de comunicación como lo fue la muerte. Esto ya no era noticia. Y la mayoría de las personas prefiere quedarse con la versión simple y fatalista.

Para Susan Schneider, viuda de Williams, la enfermedad eran unos “terroristas dentro del cerebro de mi esposo”, y su muerte no fue por suicidio sino “la presencia de los cuerpos de Lewy fue lo que lo mató”.

El efecto Werther

El determinar si fue suicidio o no parecería un tema para revista del corazón, pero en realidad, el juicio apresurado manejado en los medios sobre su muerte, tuvo consecuencias fatales.

El suicidio de una celebridad y su subsecuente transmisión en medios, trae consigo un incremento en el número de suicidios promedio esperados en los meses siguientes al deceso en la sociedad o país donde la celebridad era conocida.

Por supuesto, esto depende de muchos factores, tales como la cobertura hecha por los medios, el grado de identificación de la celebridad con la audiencia, la narrativa del hecho mismo, etc. El grado puede variar, pero de que hay una influencia, la hay.

En el caso de la muerte del actor Robin Williams en el 2014, el incremento en el número de suicidios fue del casi 10% en Estados Unidos.

Esto no es nuevo. La publicación y éxito de la novela Las penas del joven Werther de Goethe en 1774 trajo consigo no solo que la vestimenta del personaje se pusiera de moda en europa, sino también el quitarse la vida.

Claro, lo mismo pasa con otros acontecimientos, como las bodas entre celebridades o famosos, sus selfies, su ropa que se vuelve moda, sus actos rebeldes… no todo es muerte.

La Organización Mundial de la Salud lo sabe y tiene protocolos para estos casos de suicidio por parte de gente famosa que deben seguir los medios masivos de comunicación (radio, televisión…) Sin embargo, estos protocolos difícilmente son seguidos por estos medios de comunicación que no pierden la oportunidad de aprovechar contenidos tan atractivos: las fast news.

Fast news, fake news, chismes y sus remedios

Las fast news son simples y rápidas. No siempre buscan o pretenden ser fake news, pero por su naturaleza, llegan a conclusiones muy prontas, a veces fake o falsas. La verdadera historia de Robin Williams tardó meses en poder llegar a una conclusión satisfactoria. Y además, requiere entender un poco el padecimiento mental referido.

Siempre he creído que mucho de lo que sucede ahora en un mundo digitalizado es solo una réplica de lo que pasaba o pasa en el mundo analógico. La digitalización acelera los procesos y cambia el resultado de los mismos, pero en esencia es lo mismo.

En el mundo analógico están los chismes, tan estudiados por sociólogos y psicólogos sociales. La razón por la que uno cuenta un chisme y otro lo escucha, para luego repetir el ciclo, es tema de otro texto.

Lo que comparten tanto fast news, fake news y los chismes tradicionales, es la dependencia del receptor al mensaje por parte del emisor. Es decir, la responsabilidad está mucho más en quienes escuchamos, vemos o leemos un mensaje, y en nuestra decisión de repetirlo, que en quien lo emite.

Las fast news se combaten con lentitud, haciendo una pausa, suspendiendo el juicio, poniendo un alto. Esperando.

Referencias

Increase in suicides the months after the death of Robin Williams in the US

Efecto Werther - Wikipedia

Meme - Wikipedia

Murmuración - Wikipedia

Gossip - Wikipedia

Nuevo libro: Cómo cambiar tu realidad

La meditación, el yoga, la psicoterapia, el budismo, cambiaron mi vida, me han hecho mejor persona e incluso me han permitido dedicarme a ayudar a otras personas a transformar su realidad a través de mi práctica profesional como psicoterapeuta.

Escribí el libro Cómo cambiar tu realidad, mientras asistía a tomar mis clases de maestría, a conferencias, talleres y pláticas, o durante la lectura de libros relacionados con la psicoterapia, la meditación, el budismo, neurociencias, hipnosis, y otros tantos temas que caían en mis manos. Otros son materiales que he usado para dar talleres y cursos principalmente sobre meditación.

Cómo cambiar tu realidad

La principal razón de que estos textos hayan sido reunidos y los presente en forma de libro electrónico es que encuentro recursos, reflexiones, herramientas, que han sido valiosos para otros y pueden serlo para los posibles lectores

Como toda selección, recopilación o antología, no busco ser exhaustivo ni mucho menos coherente. Cada título dentro de este libro tiene vida propia y se puede incluso leer en desorden o por separado.

Entre clase y clase de la maestría en psicoterapia, talleres de budismo, o la practica meditativa y de yoga, me daba vueltas una pregunta, ¿cuál es el objetivo último de que las personas nos acerquemos a estas prácticas meditativas, pero sobre todo a la sesión psicoterapéutica?

¿Ser feliz? Pero muchas veces el tema por el que llega un paciente con el psicoterapeuta nada tiene que ver con ser feliz. A veces, el problema a resolver es de sobrevivencia.

¿Cambiar tu vida? Muchos consideran que su vida está bien, salvo por el problema que tienen o se les presenta.

Habrá quien diga que resolver el estrés, o problemas familiares, dejar de fumar, ansiedad…

Me gusta la visión de que en la práctica meditativa o sesión terapéutica se genera un cambio. Y en cierto modo el cliente o paciente viene a eso, a buscar un cambio.

Pero, ¿qué tipo de cambio? ¿Cambiar qué?

Creo que un paciente llega a la sesión meditativa o psicoterapéutica a buscar un cambio en su realidad.

Creo que muchos de nosotros hemos estado en ese momento de nuestras vidas que nos gustaría quitar un obstáculo del camino, o bien, que apareciera un puente para poder seguir avanzando; o hemos tenido ese momento en que nos gustaría que una persona difícil de manejar en la escuela o el trabajo dejara de estar ahí, o bien, que por el contrario, una persona a la que amamos o queremos estuviera más cerca; o hemos tenido ese momento en que nos gustaría obtener resultados diferentes de los que estamos teniendo, o bien, que los resultados siguieran saliendo como siempre.

De ahí nace la reflexión sobre cambiar la realidad y lo que eso implica.

Hay algunas apariciones y menciones especiales a otras ideas y personajes pero eso lo dejo para quien realmente quiera darle una leída.

Espero lo disfruten.

Disponible en: Amazon.com, Amazon.com.mx, Amazon.es, Kobo, Gandhi, Apple iBooks, Smashwords

Los seis grandes tipos de historias en los que puedes meter todas las novelas - Librópatas

«¿Cuáles son esos seis formatos? El primero es el de pobreza a la riqueza, esas historias en las que los protagonistas evolucionan para mejorar su posición. Tras este tipo de historias están, en la lista, sus opuestas: de ricos a pobres, o las tragedias, que historias de caídas. El tercer tipo de historias es la que llaman ‘hombre en un agujero’, que empieza con una caída y sigue con una subida$1

Las tres historias que quedan tienen todas nombres de la mitología y la literatura popular. Están las historias Ícaro, en las que tras la subida viene la gran caída; las Cenicienta, con subida-caída-subida; y las Edipo, con caída-subida-caída.»

Los seis grandes tipos de historias en los que puedes meter todas las novelas - Librópatas

July 26, 2016 at 02:21AM

via Instapaper http://www.libropatas.com/libros-literatura/los-seis-grandes-tipos-historias-los-puedes-meter-todas-las-novelas/