Creo en la mujer porque es ella la que es el ser humano a secas. Los mitos desconocen lo que la biología y ciencia cuentan: primero mujer, luego costilla, finalmente un hombre. Es un secreto a voces en los laboratorios mas sofisticados: los hombres somos un recurso genético y evolutivo de fines muy precisos. La testosterona nos ha llevado demasiado lejos. Pregúntenle a la luna que conoció nuestro ego.
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Es cuando necesitamos una palabra
Es cuando necesitamos una palabra, un silencio, un pensamiento o una paloma, que nos traigan una tempestad, una nueva dirección en nuestro mundo. Nietzsche lo dice mejor que yo en el famoso Zaratustra: «Las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad. Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen el mundo.»
El lenguaje de las palomas: algunos nacen póstumos
El lenguaje de las palomas: algunos nacen póstumos
Un texto sobre Nietzsche, que hoy cumple 170 años de haber nacido.
La mejor música es la que se puede inhalar.
La mejor música es la que se puede inhalar.
El perro de Cantor
El amor que se puede llegar a tener por otro ser humano es infinito. A los hijos, por ejemplo, se dice que se les ama infinitamente.
Confundidos, hay quienes se preguntan, con insistencia crítica, recelosa incluso, cómo es posible el uso de la palabra amor por aquellos que amamos a los animales –perros, mascotas.
A veces incluso parece que nos ven como si los amantes de los animales fuéramos traidores a la especie humana, como si nos hubiéramos pasado al bando opuesto de la carrera evolutiva.
En realidad es muy sencillo de explicar. El amor por otro humano –un hijo, por ejemplo– es infinito. El amor por un animal –mi perro, por ejemplo– es sólo el uno por ciento de ese infinito (poniéndonos mezquinos).
El asunto es que el uno por ciento del infinito sigue siendo infinito. Un infinito más grande que el otro, pero infinitos al fin y al cabo.