El hombre que confundió un documento impreso con su metáfora digital

Estoy en el autobús rumbo a casa después de todo un día frente a la pantalla de la computadora escribiendo, leyendo, haciendo consultas, navegando, leyendo correos… Voy leyendo un artículo impreso directamente de la página web donde lo encontré. El formato y diseño es el mismo que tenía en pantalla, sus ligas, sus flechas, botones, menús… Al leer el artículo impreso en cuestión y llegar al final del texto aparece un pequeño cuadro a modo de botón que dice “cerrar”. Mi mente —en trance, desapercibida del lugar donde me encuentro y del origen de los datos que lee— me ordena mover mi mano sobre el mouse que mi mano no tiene, dirigir el cursor que no veo sobre el botón de papel y dar un click para cerrar la ventana donde está el artículo.

Fue tan solo un instante de confusión, pero finalmente, en ese instante, mi realidad material, analógica, física, de la lectura en papel se combinó con la realidad virtual de la metáfora del escritorio, las ventanas, los archivos, y los botones virtuales de la interfaz de un sistema operativo: quería cerrar un documento de papel con un simple click. Si se hubiera verdaderamente cerrado creo que no me hubiera sorprendido ni más ni menos que lo que me sorprendió darme cuenta que era imposible que se cerrara.

Segundos después de ese instante mi mente se dio cuenta de que tomó una decisión fuera de contexto (o marco, como dicen los que estudian inteligencia artificial) y cambió la instrucción: doblé la hoja de papel y la guardé.

Espero que la próxima vez que esté frente a la pantalla de la computadora mi mente no se confunda queriendo “doblar” la pantalla de cristal y guardarla en algún folder o carpeta.

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