La termita

Descubrí una maldita termita alojada en una taza de madera que alguien me regaló y usaba de portalápices. El insecto la estaba devorando con gusto y yo no me había dado cuenta.

La he matado, por supuesto. Ahora tendré que revisar papeles y muebles de madera; estar atento a la posibilidad de que una de sus consanguíneas siga por ahí dando lata; poner insecticidas o trampas para termitas (¿qué se usa en estos casos?). Tengo dos paredes de librero que pueden ser un agasajo para estos animalillos. Además, entre lo archivado están manuscritos invaluables para mí y deliciosos para ellas.

Ahora nos preocupamos por los virus informáticos, pero estos seres no son muy diferentes. Por lo menos me provocan la misma sensación: ver hechas polvo las palabras que leo y escribo.

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