Balada por una escritura moribunda

Y por otra parte, contrario a la facilidad de las redes sociales, creo que publicar un blog se ha vuelto muy complejo. Me refiero a publicar tu propio blog, no usar el servicio o plataforma de alguien más, que se vuelve lo mismo que publicar en Youtube o Twitter. Es cierto que los actuales sistemas de publicación, con los que uno es dueño y señor real del proceso, se han vuelto muy eficientes y cada día cuentan con más características. Y por supuesto que tener una mejor administración de un sitio y mejores herramientas de presentación es algo con lo que soñaba uno como bloguero cuando todo esto iniciaba hace más de diez años. Pero como todo, esto tiene su lado negativo.

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El maestro

En la mesa de al lado del café que frecuento, un hombre de mediana edad se queja del trato tan humano que algunas personas le dan a sus mascotas sin darse cuenta que son sólo unos animales. Luego insiste que hay quien incluso deja que el hocico de su perro se acerque a los alimentos, o peor, dejan que el animal les de una lamida en la cara a modo de saludo, con el riesgo de que les pase sus gérmenes.

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El superdotado

Como si estuviéramos en una escena de alguna película de Star Wars, un futbolista profesional es puesto bajo una prueba similar a la que Obi Wan Kenobi somete al joven Luke Skywalker para confiar en la Fuerza. En el episodio cuatro de la saga cinematográfica, el aprendiz de Jedi es vendado para aprender a usar su espada láser sin usar la vista, y sólo usar ese extraño recurso llamado la Fuerza.

En el caso que nos ocupa hoy, Cristiano Ronaldo, futbolista portugués, espera un pase desde el tiro de esquina o corner hacia el área del guardameta. El balón se levanta del piso, Ronaldo lo observa y da algunos pasos hacia adelante para encontrarse con la pelota.

Parece una jugada de rutina para el futbolista, pero a medio vuelo del balón, todas las luces se apagan dejando el campo en total oscuridad. Una ceguera, similar a los ojos vendados del aprendiz de Jedi, no impide que Cristiano Ronaldo llegue con un cabezazo franco al balón y anote el gol, según podemos ver gracias a una cámara de visión nocturna.

Y no es un gol por casualidad, ya que el jugador portugués lo puede hacer una y otra vez: su cerebro sólo requiere que sus ojos vean cuando el balón se levanta del piso; después de eso, puede confiar ciegamente en lo que los Jedi llaman la Fuerza.

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El video con esta proeza del superdotado Cristiano Ronaldo se puede ver en youtube.com, y es solo un fragmento de algún programa de televisión.

La velocidad con que nuestro cerebro procesa la información recibida por los ojos, la pasa por el nervio ocular a través de la retina, luego al sistema visual para procesarla, su llegada al área psicomotora para activar los músculos necesarios y mover el cuerpo, esta velocidad, ya ha sido medida por la ciencia, y es de apenas unos doscientos milisegundos, es decir, una quinta parte de segundo (0.2 segundos).

El cerebro no necesita más de ese tiempo para saber qué hacer ante un estímulo visual conocido. Y todo esto es sin que nos percatemos de ello, sin ser conscientes. Quien se encarga de hacer este trabajo, para hacerlo más rápido, lo hace sin nuestro consciente, sin la voluntad o racionalidad.

En cambio, la parte consciente, la capacidad de percatarse de hacer las cosas y no sólo hacerlas, ya ha sido medida y es mucho más lenta. Por lo menos, de unos quinientos milisegundos, o medio segundo.

Mucho más tiempo que el que se necesita para reaccionar satisfactoriamente y anotar un gol con la poca información que Cristiano Ronaldo recibe antes de que apaguen las luces.

Después de anotar, los conductores del programa le piden a Ronaldo una explicación de cómo anoto sin luz. Como todo jugador profesional, él da una explicación creyendo que él es consciente de lo que hace, como si sus decisiones psicomotoras dependieran de su voluntad y racionalidad.

Dice que cuando la luz se apaga “es difícil porque tiene que memorizar la pelota”. La verdad es que él, el Ronaldo consciente y racional no tiene que hacer nada. La verdad es que el consciente de todo ser humano siempre intenta llevarse el crédito de nuestras acciones, pero tiene muy poco que ver en la mayoría de ellas.

Por otro lado, una voz en off o voice over sobre el video, nos explica que el cerebro de Cristiano Ronaldo tiene que hacer los cálculos de distancia, velocidad, altura, para saber en qué punto encontrarse con el balón. Como si el cerebro funcionara como una computadora.

La neurociencia actual ha demostrado que no es así. Ninguna parte de nuestro cerebro mide distancias, alturas o velocidades. El tiempo, energía y recursos que eso se llevaría serían poco prácticos para sobrevivir. Y lo más importante, si tuviéramos un cerebro capaz de hacer esos cálculos en una fracción de segundo, las matemáticas de la escuela no se nos dificultarían tanto. No, así no funciona nuestro cerebro.

La realidad que el cerebro construye internamente dista mucho de ser un modelo de autocad, con medidas y cálculos elaborados. El cerebro sólo traza una línea imaginaria por el que supone que va a ser el trayecto del balón.

Esta línea imaginaria está representada en el cerebro, por así decirlo, en dos dimensiones (2D) y no en tres dimensiones (3D). El cerebro busca que el cuerpo se mueva a una posición en donde esta línea imaginaria aparezca recta y horizontal en relación a la su propia posición.

Esta es la razón por la cual los que juegan en la posición de jardineros en el béisbol tiendan a chocar con la barda que limita el campo. Si su cerebro calculara la parábola, como lo sugiere el video de Ronaldo, calcularían con precisión el lugar donde la bola va a caer, y podrían saber con antelación que un muro les impide el paso.

Lo mismo pasa con el guardameta en el futbol. Si su cerebro calculara la altura, velocidad y distancia de la trayectoria del balón, el portero no tendría que acompañarlo o seguirlo con tanta desconfianza hasta pasar por arriba de los tres palos.

Y finalmente, el video es engañoso porque Ronaldo no pudo haber anotado al primer intento. Sin dudar de su capacidad, es muy posible que las primeras veces que intentó impactar el balón en la oscuridad, su consciente haya reaccionado ante la novedad de la situación, activado la vista y por lo tanto impedido a sus movimientos intuitivos o inconscientes ejecutar el remate a gol.

En esto, el entrenamiento del Jedi es correcto: Ronaldo tuvo que haber aprendido a no hacer caso a su ceguera y confiar en la Fuerza, en lo previamente aprendido por su cerebro.

Ante estímulos conocidos, nuestro cerebro es ciego. Sí, el cerebro humano no podría procesar toda la información que recibe del exterior en cada momento.

Lo que ha aprendido a hacer muy bien es a construir una realidad interna con base en muy pocos datos externos, usando la expectativa y la predicción. Mientras el exterior no cambie, el cerebro considera que no es necesario estar atento a esa información y por lo tanto se ahorra el tener que procesarla.

Es mucho más rápido y eficaz usar la información ya almacenada. La consciencia es utilizada por el cerebro sólo cuando las condiciones exteriores cambian, contrarias a las expectativas y predicciones.

Por eso es muy probable que en las primeras pruebas a las que fue sometido Ronaldo fueron omitidas en la edición final del programa mostrado ya que tenía que acostumbrarse a la novedad de rematar en la oscuridad, a ciegas. Lo interesante es que en realidad, su parte consciente siempre lo hace así.

A pesar de tener los ojos abiertos, su cerebro no ocupa la información que recibe de ellos a menos que el balón cambie de trayectoria o suceda algo muy excepcional. “Usa la Fuerza, Luke.”

Pero lo mejor de todo, y que el fragmento de este programa de televisión no revela, es que todo cerebro es superdotado, y no sólo el del jugador portugués.

Durante los últimos minutos en que has estado escuchando o leyendo este podcast o artículo, tu cerebro ha tenido que realizar una gran cantidad de trabajo sin que tu consciente se de cuenta, sin que tu tengas que percatarte de ello.

Pasar de los sonidos a las sílabas, de ahí a las palabras, significados, frases, párrafos, y de ahí a las ideas, es algo que no haces conscientemente.  

Y lo mismo sucede cuando manejas el automóvil o la bicicleta, te pones a cocinar, juegas con los niños, caminas o hasta respiras. Siempre hay una gran cantidad de trabajo que se hace sin que nos percatemos de ello.

¿Cuántas veces has respirado desde que empezaste este audio o texto? Hay una parte en tu cerebro que sabe respirar mejor que tú y se ha hecho cargo de esa labor desde el primer día que naciste. Tan grande es la sabiduría de nuestro cerebro.

El acechador de sueños

¿Alguna vez te has percatado en medio de un sueño que estás soñando? ¿Te parece que el poder controlar lo que pasa dentro de un sueño es sólo posible en películas de ciencia ficción como Inception?

Los sueños siempre han causado fascinación a los seres humanos en todas las culturas y todos los tiempos. Tanto a nivel personal como a nivel social. Los sueños nos presentan una realidad que parece tan real como la realidad misma, al menos para nuestros sentidos, y por lo que se ha ido revelando en múltiples estudios al respecto, tan real también para nuestro cerebro. Algo o alguien con una gran capacidad para elaborar un mundo completo lleno de escenas y personajes nos presenta esta realidad aparte. Para algunas culturas o personas, este algo o alguien tiene que provenir de algo ajeno a nosotros. Para la ciencia, el cerebro es capaz de hacerlo sin ningún problema, por lo que si es algo, está en el cerebro, y si es alguien, somos nosotros mismos. De hecho, la neurociencia actual considera que toda realidad, tanto la que vivimos dormidos como la que vivimos despiertos, está elaborada o construida por nuestro propio cerebro. De cualquier modo, esta capacidad es sorprendente.


Una diferencia aparente entre la realidad dormida y soñada es el que en la primera estamos conscientes de estar despiertos, al menos en lo general o por momentos, y por lo tanto es posible tener cierta voluntad de hacer lo que queremos y no lo que la inercia del sueño nos va llevando a hacer. Sin embargo, ¿qué pasa cuando alguien dice darse cuenta de estar soñando? Es decir, ¿qué pasa cuando alguien dice haber tenido un sueño lúcido?

En las culturas mágicas o primitivas, quien tiene esta capacidad es muy probable que este destinado o haya sido elegido para ser un mago, brujo o chamán. Pareciera que para la ciencia esto de los sueños lúcidos no es posible, y en última instancia es solo parte del sueño. Esto es, soñamos que creemos estar concientes de estar soñando, pero eso mismo forma parte del sueño. Y aún si realmente alguien fuera capaz de estar conciente durante un sueño, ¿cómo comprobarlo, cómo medir esa capacidad?

Pues como dije, esto es lo que pareciera que la ciencia piensa, es lo que el sentido común nos dice. Porque si la ciencia ya hubiera descubierto algo al respecto, todos lo sabríamos, ¿no?. Pero el conocimiento científico, si bien parece muy estructurado en lo académico, en sus publicaciones, “journals“ y libros, es mucho más disperso de lo que pudiera parecer. Sí, los sueños lúcidos no sólo han sido estudiados a detalle sino que su existencia ha sido demostrada en estrictas pruebas de laboratorio, con todos los resultados revisados “peer to peer” y publicados en diferentes “journals“ científicos. Y no, no es un tema de vanguardia. La demostración se realizó a finales de los setenta y su publicación salió a la luz a principios de los ochenta, del siglo pasado.

Stephen LaBerge nació en 1947 y su primer campo de estudios fueron las matemáticas, por las cuales obtuvo su título universitario y le ayudó a formar un intelecto lógico, estructurado y muy racional. Científico, en una palabra. Sin embargo, desde muy joven traía consigo uno de esos apasionados misterios difíciles de hacer a un lado, aunque no muy bien vistos por sus colegas.

LaBerge había vivido de adolescente la experiencia de poder estar conciente durante el sueño, o como lo definiría más tarde, de saber que estaba soñando mientras soñaba. Como científico, no pudo resistirse a estudiar el fenómeno. El doctorado lo hizo en Psicofisiología por la Universidad de Stanford, y el tema de su tesis, con la que se graduó en 1980, fueron, por supuesto, los sueños lúcidos.

Los resultados de las investigaciones realizadas hasta la fecha por Stephen LaBerge son mucho más que sorprendentes y extraordinarios, tan es así que seguramente han sido leídas a profundidad por el escritor y director de cine Christopher Nolan, famoso por la más reciente saga de Batman, pero creador de la película de ciencia ficción de cuyo tema tratamos hoy: Inception.

Sin embargo, hoy comentaremos específicamente la prueba de laboratorio que demostró científicamente la existencia de los sueños lúcidos. Sí, lo que parecía imposible de lograr, saber lo que está pasando dentro de la mente de alguien mientras sueña, se logró desde la década de los ochenta. Para ello, LaBerge reclutó para sus primeros estudios, a muy diferentes sujetos que decían tener sueños lúcidos. Como era de esperarse, los puso a dormir mientras estaban conectados a diferentes aparatos, en especial la herramienta disponible en esos años, que es el electroencefalograma.

Todos soñamos aunque no recordemos lo que soñamos. El sueño se da durante unos minutos mientras dormimos, ya estando en un estado profundo de relajación. Durante el sueño, cuando la mayoría experimentamos una gran cantidad de estímulos visuales creados por nuestro cerebro, los ojos responden a esos estímulos, creyendo que son reales, por lo que se mueven de modo aparentemente aleatorio, girando para todos lados, como si estuviéramos despiertos viendo un espectáculo teatral y no qusiéramos perdernos ningún detalle. A este movimiento de los ojos durante los minutos de sueño se les conoce como MOR, abreviatura de movimiento ocular rápido.

Saber que una persona soñaba o no era algo demostrado para la fecha en que LaBerge hizo sus primeros experimentos. Si despiertas a alguien antes de que se le muevan los ojos, no pueden reportar sueño alguno. Si los despiertas después, pueden describir lo que acaban de soñar.

Las pruebas de LaBerge revelaron algo más sorprendente aún. Uno de los sujetos de investigación tuvo por algunos momentos durante el MOR movimientos únicamente de lado a lado, es decir, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Al despertar, LaBerge le preguntó que qué había soñado. La respuesta puede dar risa, pero le dio al científico la pista que estaba buscando: el soñador había estado viendo un juego de tenis y sus ojos habían estado siguiendo el movimiento de la pelota. Izquierda a derecha, derecha a izquierda.

A partir de ese momento, surgió el diseño de un nuevo experimento. Se le pidió a los soñadores lúcidos que controlaran el movimiento de sus ojos durante el sueño, y en lugar de estar volteando para todos lados, como niños en dulcería, sólo movieran los ojos de lado a lado. La mayoría de los sujetos lo logró. No solo eso, con el tiempo, lograron a voluntad contar el número de veces que movían los ojos. Y esto era verificable por los científicos que observaban a la persona dormida. Se había logrado una prueba de la existencia de los sueños lúcidos y del control que puede tener alguien dentro de su propio sueño. Esta comunicación mínima del movimiento de los ojos con alguien mientras sueña, fue un verdadero pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad.

Sin embargo, el tema es bastante incómodo para la mayoría de los científicos. Las investigaciones continuaron, al grado de desarrollar métodos para que una persona pueda aprender a tener sueños lúcidos. Sin embargo, los resultados no hacen eco en la comunidad científica, mucho menos en la terapéutica. En la literatura budista el fenómeno no solo se describe sino que se enseña y se usa en el camino a la iluminación. A veces, la ciencia ha negado tanto a la magia, que cuando se demuestra alguno de sus fenómenos, prefiere guardar silencio.

Hoy, estas investigaciones pueden tener un segundo aire con los equipos de resonancia magnética y el proyecto de Mapa de Actividad Neuronal que gobierno del Presidente Obama en Estados Unidos está impulsando, y equivale en importancia al del Genoma Humano.

Lo cierto es que ya lo sabes, si alguna vez, en medio de un sueño, te has dado cuenta que estás soñando, o alguien alguna vez te ha confiado una experiencia así, no quiere decir que han visto demasiadas veces la película Inception. Saber que soñamos cuando soñamos es más normal de lo que parece. Ahora además, puedes empezar a soñar con tus sueños.

El hacedor de lluvia


A nuestra sociedad le gusta recuperar términos y conceptos que hacen referencia a los ya olvidados tiempos en que la cacería y la agricultura eran lo más importante en nuestras vidas. Las áreas de recursos humanos de las grandes empresas y las compañías consultoras especializadas se empeñan, por ejemplo, en “cazar cabezas” o “cazar talentos” —por la traducción del inglés headhunters.

Otro concepto recuperado de nuestra antigüedad agrónoma por el corporativismo contemporáneo es el de “hacedor de lluvia” o rainmaker. En las sociedades que dependían directamente de la agricultura por temporal, las sequías significaban muerte, enfermedades y años de sufrimiento. La expectativa de lluvia cuando ésta faltaba se convertía en la espera de un milagro que podía cambiar radicalmente la existencia. Y por supuesto, alguien capaz de hacer llover se volvía la persona más valiosa para ese mundo.

Hoy, se le llama rainmaker a quien puede salvar milagrosamente una empresa, un área de ventas, una sucursal o una franquicia, alguien quien puede convertir una sequía financiera o de negocios en una lluvia de ingresos económicos. Usualmente, alguien reconocido por su fuerza, ánimo, capacidad de empuje, liderazgo, en fin, capaz de hacer bailar a todos para que llueva.

Cuenta una vieja historia taoista que un día, hace ya varios siglos, un pequeño poblado vivió una profunda sequía de varios años. El hambre, la escasez, enfermedad, y deshidratación, habían alterado el día a día de la aldea, las relaciones familiares, la interacción entre los pobladores, e incluso los festejos, eventos religiosos y relaciones amorosas al grado de ya no recordar cómo era la vida cuando el agua todavía habitaba en sus campos y en sus casas.

La desesperación los hizo buscar un famoso hacedor de lluvia para pedirle ayuda. Un viejo y sabio anciano —¡quién más!— llegó a la aldea y aceptó tranquilamente la encomienda. Todos en el pueblo esperaban que el anciano iniciara algún tipo de rito espectacular en los siguientes días, pero el sabio simplemente se instaló en una pequeña choza y empezó a cuidar su jardín, meditar, leer y contemplar la naturaleza.

Así pasaron las semanas. La apacible vida del que se le conociera por hacer lluvia, atraía las miradas de sus vecinos, sorprendidos de que hiciera nada por provocar la precipitación fluvial tan esperada. Mientras tanto, los niños hacían el hábito de visitar el jardín del anciano y jugar en él. Algunos jóvenes se acercaban a escuchar sus historias y aventuras, producto de una larga vida y múltiples viajes. Los más ancianos se acostumbraron a tomar té con él y disfrutar sus silencios. Y el anciano sabio seguía sin hacer mayor cosa.

Pero entonces llovió. Y luego, volvió a llover. Los campos empezaron a florecer y reverdecer. Los sembradíos tomaron vida otra vez. Los animales de las granjas recuperaban fuerza y peso. Frutos, verduras y alimentos llenaron las mesas de las familias. Nuevas parejas de enamorados se conocían, las fiestas abundaban, los eventos religiosos eran lo que habían sido antes.

Felices, los pobladores fueron a agradecer al anciano sabio. Ninguno podía ocultar su sorpresa pero también sus dudas. Nadie lo había visto llevar acabo rito alguno, interpretar algún canto, repetir alguna oración especial o ejecutar alguna danza mágica.

Tras el agradecimiento, la pregunta no se hizo esperar. ¿Cómo lo había hecho?
El hacedor de lluvia, con la calma y tranquilidad que lo caracterizaba, les explicó que cuando llegó al pueblo percibió una falta de balance, un desequilibrio, entre los pobladores y en su relación con la naturaleza que los circundaba. Hacía falta armonía y él se limitó a vivir en armonía. Una persona en armonía genera armonía con quien convive, y la vida en armonía de los seres humanos, genera armonía en los animales con quien se relaciona, en las plantas, la tierra, el cielo, el agua…