Porque no veo el Super Bowl

El jueves 4 de febrero de 1993 recibí una llamada telefónica a la editorial donde trabajaba entonces, en la que me comunicaban que Mauricio Hoyo Castanedo, uno de mis mejores amigos, había fallecido el día anterior. Teníamos veinticuatro años.

Lo había visto apenas el domingo previo a la llamada en el departamento de un amigo mutuo. La coartada fue ver el Super Bowl aunque en realidad disfruté mucho más las partidas de ajedrez antes de que comenzara el partido y todas las soluciones que discutimos para arreglar gran parte de los problemas de la humanidad (acompañados de unas cervezas, of course).

Su muerte no fue sorpresiva. Estaba enfermo y ya había sido internado en varias ocasiones. Pero ya saben: duele igual.

Desde entonces no he vuelto a ver el Super Bowl. A cambio, me tomo una cerveza y me pongo a pensar en cómo arreglar los problemas del mundo.

¡Salud!, in memoriam.