Sobre el aforismo

Pensar la estructura es pensar usando vigas “I”.

Pensar, no para construir edificaciones terminadas sino para construir ruinas, es pensar fragmentariamente.

El implacable tiempo hace de las grandes civilizaciones sólo ruinas y de los grandes sistemas filosóficos sólo fragmentos; construyamos de una vez ruinas, pensemos de una vez los fragmentos.

El aforismo está más cerca de la escultura que de la arquitectura.

El aforismo no es una columna ni es un techo. Ni sostiene ni es sostenido. Un aforismo es un poliedro: apenas se sostiene por alguno de sus lados, pero es firme, coherente, perfectamente cohesionado entre las partículas que lo forman, independiente; pero al mismo tiempo, el que se sostenga parece accidental y azaroso; más que sostenido está suspendido; inmóvil, todo aforismo parece estar a punto de rodar.

De apariencia frágil como un cristal, a nadie sorprende que cueste tanto trabajo levantarlo sobre uno de sus lados. Muerto parece con vida porque sus vértices lucen listos para crecer.

Difícil decir del aforismo si es una forma a la que se ha llegado o es huevo del que va a nacer algo.

Axioma y teorema al mismo tiempo: principio de una demostración, verdad obvia y contundente, por un lado; conclusión a la que se llega, fórmula que tiene que ser demostrada, por otro.