El día en que nació la lectura

¿Qué fue primero, la lectura o la escritura?

A pesar de la aparente obviedad radicada en que no se puede leer lo que no se escribe, la respuesta es contundente: la lectura precede a la escritura.

El día en que nació la lectura: había una vez un primer homo sapiens que distinguió un zurco, relieve o marca en la superficie de un tronco caído o en una piedra llamativa. En esa marca, el homo sapiens reconoció la huella o ausencia de un otro cómo él que la hizo. Algo resonó en su cabeza sin saber bien qué era: una especie de eco escrito en la arena que sin saber bien a bien su origen reconoció como humano.

Tal vez reconoce la marca porque él mismo la hizo días atrás. Tal vez reconoce la marca porque sólo un ser como él, un otro, un igual, pudo haberla hecho. La intención de la marca —que no es otra cosa que la escritura— no es relevante en este momento. La primer lectura fue la de un signo involuntario.

(Este sencillo mensaje leído por nuestro homo sapiens en cuestión tiene, curiosamente, el mismo sentido que el que podemos leer hoy en una acera o banqueta en la que se ha escrito algo mientras el concreto estaba fresco: “yo estuve aquí”. Reflejo de un instinto básico y territorial.)

Ese primer homo sapiens tendrá, a partir de ese día, la capacidad de hacer una marca visualizando, anticipando, su lectura futura: habrá nacido la escritura.

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