El paraguas olvidado de Nietzsche

Ni Charles S. Pierce, Jacques Lacan, Ferdinand de Saussure, o Sócrates —por citar sólo algunos— dejaron obras escritas con sus principales ideas plasmadas en ellas. Los últimos tres deben a sus discípulos o estudiantes la recuperación de su pensamiento. El primero a sus manuscritos.

A Sócrates lo conocemos principalmente a partir de los textos de Platón; él no dejó ni una palabra escrita.

Uno de los libros que marca el nacimiento de la semiótica y el post-modernismo, el Curso de lingüística general, debe su nombre al hecho de que es la recopilación crítica de los apuntes de clase de los alumnos de Saussure.

Si bien Lacan nos dejó algunos textos firmados por él, el corpus principal de su planteamiento sobre el inconciente estructurado como lenguaje está en conferencias, clases y programas de radio.

Pierce dejó cientos de páginas escritas con ideas y disertaciones en sus Cuadernos sobre física, lógica, matemáticas, semiótica, de lo cual la mayoría aún no ha sido publicado.

La labor de los hermenéutas a veces es apoteósica. Incluso para aquellos autores que, si bien publicaron en vida, dejaron una gran cantidad de apuntes y fragmentos dispersos. Tal es el caso de Friederich Nietzsche. La exégesis a veces requiere saber distinguir entre las palabras realmente significativas de aquellas que no lo son. El domicilio de casa de un amigo escrito en el borde de la página, por ejemplo. Sin embargo, en el caso de Nietzsche, cuyo estilo recurre tanto a analogías originales y alegorías simbólicas, distinguir lo significativo de lo que no lo es ha sido tan polémico como su propio pensamiento filosófico.

Para alguien que escribió “Nosotros los incomprensibles pues habitamos siempre más cerca del rayo!” en uno de sus libros publicados (La Gaya Ciencia), es prácticamente imposible saber qué quiso decir con esta anotación aislada en sus manuscritos:

«He olvidado mi paraguas» ¿Era una metáfora refiriéndose a una idea importante? ¿Tal vez una imagen tan reveladora como la del eterno retorno o el superhombre? ¿El incipit de una fábula reveladora? ¿Una cita textual de algún libro que estaba leyendo? ¿El primer verso de un poema que finalmente no le gustó?

¿O será que simplemente quiso decir que había olvidado el paraguas? (Ésta es sólo la punta del iceberg, les recomiendo leer lo que dice Jacques Derrida al respecto.)

La problemática, como se podrán dar cuenta, tiene muchas vertientes. La más simple es si debe incluirse esta frase en una edición de sus Fragmentos Póstumos o no, cosa que creo es muy sencilla de resolver (recuerdo haber leído en una biblioteca de la universidad una edición bilingüe de los Cuadernos de Leonardo da Vinci en la que no sólo se incluye una transcripción de los manuscritos sino facsímiles de los mismos). La problemática que es crucial para la hermenéutica —y por lo tanto para cualquier lector— es con respecto a los alcances y limitaciones de la interpretación del texto (y, finalmente, a toda interpretación de cualquier signo).

Supongamos que la frase “he olvidado mi paraguas” no signifique nada “filosófico”. ¿Qué nos impide pensar lo mismo con respecto a todo el Zaratustra de la obra nietzscheana? Nietzsche escribió en Ecce Homo una de esas frases que resultan siempre proféticas por atrevidas, aunque en su momento debió haber sonado un tanto pretenciosa:

«Una cosa soy yo, otra cosa son mis escritos. - Antes de hablar de ellos tocaré la cuestión de si han sido comprendidos o incomprendidos. Lo hago con la negligencia que, de algún modo, resulta apropiada, pues no ha llegado aún el tiempo de hacer esa pregunta. Tampoco para mí mismo ha llegado aún el tiempo, algunos nacen póstumamente. - Algún día se sentirá la necesidad de instituciones en que se viva y se enseñe como yo sé vivir y enseñar; tal vez, incluso, se creen entonces también cátedras especiales dedicadas a la interpretación del Zaratustra.» Y efectivamente, poco más de cien años después hay cátedras especiales dedicadas a la interpretación del Zaratustra y el resto de su obra. ¿Y que tal si Nietzsche dejó a propósito la frase “he olvidado mi paraguas” inserta en sus manuscritos con el fin de burlarse de todos sus intérpretes, con el fin de hacer de la interpretación de sus textos una tarea inacabable? El tiempo y la distancia son implacables con los signos y su significado. Quizás todo escrito esté condenado con los años a un destino similar al del paraguas olvidado de Nietzsche.