El perro de Cantor

El amor que se puede llegar a tener por otro ser humano es infinito. A los hijos, por ejemplo, se dice que se les ama infinitamente.

Confundidos, hay quienes se preguntan, con insistencia crítica, recelosa incluso, cómo es posible el uso de la palabra amor por aquellos que amamos a los animales –perros, mascotas.

A veces incluso parece que nos ven como si los amantes de los animales fuéramos traidores a la especie humana, como si nos hubiéramos pasado al bando opuesto de la carrera evolutiva.

En realidad es muy sencillo de explicar. El amor por otro humano –un hijo, por ejemplo– es infinito. El amor por un animal –mi perro, por ejemplo– es sólo el uno por ciento de ese infinito (poniéndonos mezquinos).

El asunto es que el uno por ciento del infinito sigue siendo infinito. Un infinito más grande que el otro, pero infinitos al fin y al cabo.